En busca de tranquilidad, deja atrás la vida que conocía. Lejos de la ciudad, entra en un mundo donde el tiempo parece detenerse. Un lugar para reflexionar sobre el pasado, reinventar el futuro y convertirse en otra persona. Pero la transformación rara vez es un acto solitario. En pos de una vida nueva, encuentra un vínculo con alguien. Lo que empieza como un encuentro inesperado desemboca en el deseo de aferrarse, de pertenecer, de creer en algo más grande que él mismo. Quizá nos atraen las personas y los objetos por la misma razón: la necesidad de dar sentido a algo, de hacerlo nuestro. Algunas cosas se convierten en objetos de deseo. Otras, en el deseo mismo. Pero el deseo rara vez se comparte a partes iguales. A veces, al dejar atrás el pasado, descubrimos que nos ha seguido todo el tiempo. Al final, se queda con lo que vino a buscar, aunque quizá no como imaginaba.